Malos cálculos
- Du, tu papá y yo creemos que de un tiempo a la fecha ya no estás ayudando a la casa como debieras y como buena hija que eres. - ¿? - Queremos que reconsideres tus horarios y que destines un dÃa entre semana para hacer limpieza. Y que no sea viernes, porque el sábado te toca la limpieza del fin de semana. - ¿? - Además tienes la ropa sin planchar y necesitamos los ganchos. - ¿? - Du, ¿entendiste lo que te dijimos? - ¿Que ya no puedo seguir llendo a correr en las tardes? (y yo que creà que esta plática la tendrÃamos en dos semanas, no me duró ni tres dÃas el gusto).
Suplementos vivalÃsticos de una tarde de juerga.
Ven, siéntate… te contaré lo que me pasa por la cabeza. Tal vez ya no sea igual que antes, muy posiblemente las cosas cambien a como cambian los árboles de hojas, a como cambian los patos de plumas después de arrancárselas furiosamente con los picos en la temporada de celo, a como cambia una servidora de oficina (y que sin embargo no cambia su sentimiento de no pertenencia), a como cambian los dÃas en la persona de alguien aunque este no llegue a darse cuenta y piense que todos son una reproducción espontánea de las mismas cosas (como si nunca se hubiera demostrado que la reproducción espontánea no existe… y quien quiere que exista, si la reproducción asistida es mucho más divertida). No, las cosas siguen un curso aleatorio y se mueven...
Error en el método
Combato mis terrores nocturnos… pero creo que no lo hago de la forma correcta. Para no entrar en pánico, cual virginal doncella aventada al oscuro y terrrorÃfico laberinto sin Teseo en espera de ser devorada por el minotáurico Miedo y buscar infructuosamente una salida para terminar haciendo cÃrculos, mordiéndome las uñas, en espera de un acontecimiento mil veces incrementado dentro de mi exagerada cabeza… opté por no pensar en nada. Sin embargo el silencio de la noche no es lo más propicio para no pensar. En la levedad de mi cama y bajo las ligeras sábanas de verano soy capaz de escuchar atentamente los ruidos nocturnos incrementados por el vacÃo de la nada, del sueño comunal y la tranquilidad punitiva impuesta por la hora de un domingo en...
Noches inciertas.
Me he dado cuenta de que no le temo a la hoja en blanco. Mis temores cuando no escribo se deben a las consecuencias de llenar la hoja. En mis cajones existen cientos de hojas rayadas, escritas, a mano, con lapiz, crayola, a tinta, azules, verdes, rojas, en prismacolor, con marcadores, con pedazos de recortes… todas tratando de capturar un aspecto de mi vida, de lograr encerrar un temor. Muchas veces he comprendido que mucho de lo que escribo, cuando REALMENTE escribo, no será bueno. Seran mil suicidios imaginarios donde mato mis penas lentamente con alfileres, penosamente los voy cansando hasta meterlos en un frasco de formol y conservarlos como trofeos en la repisa de mi cuarto, por mis batallas ganadas. Por las miles de mà que asesiné antes de que me...
Carreritas (¿jugamos?)
Llevo ya tres semanas entrenando, y sin embargo todavÃa me alcanza el pánico enmedio de las avenidas. Y cómo no, cuando te encuentras a un trailer de doble cabina queriendo rebasar a la señora del lujoso mercedes que va avanzando a vuelta de rueda. Llevo tres semanas peleando con el gasto de la gasolina. Y es que desde que regresé a la oficina me và sorprendida con otra dirección – Nos cambiamos – esa fué la única excusa, asà que mis anteriores direcciones y rutas alternativas tuvieron que ser cambiadas por otras aún más peligrosas. Y es que anteriormente mi ruta incluÃa el centro de la ciudad, esta vez me toca ir por la periferia. Si, el periférico. Y a las horas picos, especialmente entre dos y cuatro de la tarde es casi una patada de...
Alfa
Una vez durante el colegio una monja me hizo la observación de que no podrÃamos faltar a la escuela por cuaquier cosa, extrañamente comenzó una cátedra acerca de lo estrictamente correcto para entrar en duelo, y me dolió que dijera que cuando mi perro muriera no serÃa una gran pena. … Ayer en la noche una de mis perras, Alfa, nos dejó. … El dÃa en que Celin parió su última camada fué un dÃa difÃcil para ella, tanto asà que tuvimos que ayudarla porque sencillamente no pudo. En un momento en que terminé siguiéndola por toda la casa me encontré abajo de una cama con que habÃa dejado abandonado a uno de los cachorros dentro de la bolsa y no sabÃamos cuánto tiempo llevaba asÃ. Mi papá, como buen padre nos reunió a las tres y nos...