El Par de ojos y Oso de felpa (El circo II)

Las fanfarrias no se hacen esperar y desde la parte más pequeña del telón se asoman un par de ojos… Que no son cualquier Par de ojos. Sostienen un oso de felpa cual si sostuvieran el alma entre sus dedos, y el mísero oso intenta esconder sin triunfo un botón casi desprendido que simula ser su ojo derecho. Las costuras de su vientre son toscas y repasadas constantemente, debido a los múltiples intentos de que el relleno no caiga al piso y continúe engordando el deforme vientre que sigue en las manos de Par de ojos. Lentamente la niña sale y se coloca tímidamente bajo las luces mientras cuenta su estúpida historia mientras los interlocutores bostezan. - Buenas tardes estimado público – va recitando la niña como pregonera de mercado –...

El circo (I)

Miro a un lado, luego miro al otro lado. - ¿Hay alguien ahí? Esto es un grito desesperado – que no el de Cuahutemoc – por encontrar el sustento diario. Existe el mundo, me pregunto. - No, el mundo no existe. Tal como es no existe. El mundo es un espejismo creado en tu cabeza constantemente antes del crepúsculo. Reinventado mientras el palco permanece vacío y el payaso de la función continúa lanzándose pasteles al rostro en espera de la carcajada. No, el mundo no existe. El hombre de la levita vuelve al centro de la pista y anuncia un nuevo acto.

al viento

Soul in a box

Cuando nací era pequeña… Me encontraba sumergida en un espacio sólo mío. Encerrada en el plano de la soledad. Ahí no importaba si gritaba, porque nunca nadie se quejaba del ruido en la vida de al lado. … Hoy las cosas son distintas. El mundo está tan lleno de gente y toda ella desea desesperadamente no pasar desapercibida, que el mundo se ha convertido a mis ojos en un inmenso circo en donde cada quien representa un papel. Hay tiranos e inocentes, pero todos disfrazados. Ocultando intenciones malintencionadas, en la oscura esperanza de aferrarse a algo. Yo me encuentro en una caja. Me protejo de las esperanzas humanas. Creo a veces ser tan receptiva que fácilmente se me contagian la tristeza y lágrimas. Me protejo en una caja de las tristezas...

Morir en Publico

Era inevitablemente irremediable encontrarse con ella en cualquier instante, ya fuera en la calle observando las margaritas que florecían en los jardínes públicos a la atenta mirada de los servidores públicos y las ancianitas de esquina armadas con paraguas. Ya fuera en las alcanforadas oficinas donde se decidian diariamente el color de estos mismos paraguas con la seriedad absoluta de quien decide la vida o muerte del mismo Jesus, a sabiendas de las consecuencias. Era terrible, era inefable, era inaguantable… pero era tambien previsible (y también falible). No era infalible llevar armas encima, llevar estacas o cruces, ir orando en las calles, era mas bien un magnánimo chiste del que pocos se reían porque la mayor parte de la población no...

Polina

Polina caminaba por la calle cabilando en sus polifónicos pensamientos, placidamente ella encontraba políticamente correcto el comportamiento humano. Politeístas y Hermafroditas no eran nada raro en este mundo y según ella todos habíamos nacido en Polinesia. Polina había desarrollado una forma poco práctica de reconocer a los “buenos ciudadanos” de los marginados comunes que ella adoraba. Se acercaba a los polifaceticos viejitos en la calle y comenzaba a repetir interminablemente mientras con un minúsculo dedito simulaba una automática “poli poli poli poli poli poli poli poli poli poli poli poli poli poli poli poli poli poli poli poli poli poli poli”… Los “buenos ciudadanos” se reían y cuando consideraban que...

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