Susuwatari
En cuanto el técnico comenzó a agitar la tinta, los susuwatari huyeron y pudimos nuevamente imprimir.
Un millar de alas
Casi de forma perenne permanece aquello que comenzo con una semilla. En el subsuelo, raices aferradas caminan como gusanos, aumentando cinco centÃmetros por año, sin embargo al árbol de mi jardin no le gusta permanecer en el suelo. En las tardes ventosas del mes de noviembre le gusta batir mil hojas, como mil diminutas alas, como mil diminutas mariposas que aferradas a las ramas arrancan las raÃces y por un segundo se desprende del suelo. Un segundo de vuelo en un millar de alas.
Par de ojos (El circo VI)
Par de Ojos no era una niña común y corriente. Era tal vez lo más cercano a algo real en kilómetros a la redonda y aunque tenÃa ojos que miraban el mundo, esos mismos ojos eran su más grande maldición. Ella no querÃa ver nada. Le dolÃa tanto verse atrapada en el circo, que pasaba la mayor parte del tiempo durmiendo y reparando heridas. Al principio pensó que el acto del corazón era una buena idea, que el Espectador reaccionarÃa de alguna forma y despertarÃa… que finalmente despertarÃa de ese letargo idiota. Pero semanas pasaban y él seguÃa sentado mirando, mirando ausente lo que sucedÃa en la pista. Al principio Par de Ojos pensó que serÃa sencillo, que tan sólo necesitaba tiempo para despertarlo, mas con el tiempo se fué dando cuenta de...
Me siento solo (El circo V)
En un rincon… al lado de una carreta un oso de felpa lloraba. No se como, pero lloraba. Amargamente y pensando en lo mucho que queria salir de ahi. Pensaba en las estupideces del mundo y no podia cerrar el llanto, tan quedito que derramaba una lagrima con cada respiro y respiraba muy despacio. Despacito en un rincon, tratando de que no lo encontraran, de desaparecer, de hacer chiquito y pequeño para que nadie pudiera tocarle. De repente habia sentido que cualquier cosa podria dañarle. Muchas veces habia costurado heridas y el mismo se las habia infringido para curarlas y ahora tan solo podia llorar. Lloraba quedito para no despertar a Par de Ojos que ahora dormia tranquilamente, pesadamente, cansinamente tapada tan solo con un saco vacio que habia...
La chica del fistón (El circo IV)
RÃcamente vestida y con ojos color de nada, acompañando la mirada en una bruma lejana, aparece La del Fistón, con movimientos nebulosos, envueltos en el mistiscismo de su mismÃsima mirada. La piel, blanca, mortecina, casi casi morada debido a la transparencia de papel con que cubre sus venas… y sus pequeños pies desnudos lastimándose con la tosquedad del piso. Espectador lentamente vá levantando la vista y lo mismo que el hombre de levita la mira lascivamente. Ella vá transformándose en lo que ambos más desean, poco a poco ella se va convirtiendo en deseo, en ese deseo lejano e intocable que mueve las tripas y las aprieta hasta tironear en vuelcos de corazón y enamoramientos profundos. Mas sus efectos sólo duran una función. Si la miras...
Los cuatro payasos (El circo III)
Se escucharon nuevamente las fanfarrias, y cuatro payasos vestidos igualmente como payasos salieron con una carretilla y en ella rápidamente hicieron desaparecer a Par de ojos y su oso de felpa. Dedicaron unos minutos a cabriolas y ruedas de carro enseñando los dientes cariosos y apestando a rayos y establos. Levantaron la lona manchada de sangre y fué aventada sobre la misma carretilla. El hombre de la levita hizo su aparición y con un par de ojos surcados por ojeras de cuatro centÃmetros mira fúnebremente a la “multitud”. Después de unos años esta “multitud” habÃa ido reduciéndose y en algunas ocasiones los mismos actores debÃan colocarse en las gradas y aplaudir porque la misma “multitud” también se iba haciendo...