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Cuando la tableta debutó en el mundo Pam Ally fue de las primeras en adoptarla por completo. Compró la primera versión del iPad y también un Kindle. Ya era una lectora voraz y de inmediato se convirtió en una consumidora voraz de tecnología. Era de la firme opinión que de igual forma en que Ben Franklin y compañía revolucionaron el acceso a los medios impresos en sus tiempos, ahora el mundo tecnológico iba a revolucionar la industria igualmente. Y de algún modo resultó ser cierto.

Todavía sueña con ver durante su vida que cada niño pueda tener acceso al libro que quiera en la forma más cómoda posible y que todos ellos tengan acceso a los libros independientemente de su nivel socioeconómico, especialmente que aquellos niños que temen por su vida debido a que toman la decisión de ir a la escuela, puedan acceder a ella de forma remota y absorber el mundo con ayuda de la tecnología. Todo esperamos que esto pronto sea una realidad.

Pero para ella ¿cuál es el medio que prefiere a la hora de leer? Hizo una confesión y decidió que no le gusta mucho el libro digital. Y a continuación una lista de qué es lo que extrañó a la hora de migrar a un dispositivo electrónico:

  1. La portada. Confiesa que hasta el día de hoy, al pensar en la portada de Ana de las tejas verdes o de Las crónicas de Narnia pueden provocarle un escalofrío. Lo mismo sucede cuando recuerda la portada original de Charlie y la fábrica de chocolate; o La telaraña de Carlota. Ya como adulto ha sentido los mismos escalofríos una y otra vez y eso se debe a que a lo largo de la lectura tiene la costumbre de regresar brevemente a la portada en medio de un capítulo conmovedor, sólo para pensar en lo que está leyendo. Si el artista de la portada es bueno, hace que piense más profundamente acerca del libro y le da oportunidad de meditar sobre lo que ha leído hasta el momento.
  2. Saber qué tanto se ha leído o qué tanto hace falta tan sólo con el tacto. En los nuevos dispositivos tenemos la opción de ver el avance de páginas, pero Pam confiesa que no se compara a la sensación de poner los dedos alrededor de las páginas que le quedan en un libro. Si es una novela de misterio, este sencillo acto le ayuda a prepararse mentalmente: ¿el autor va a terminar pronto? Si es una novela, le permite prepararse para separarse de los personajes con los que se encariñó. Si es una biografía sabe que el autor le ayudará a comprender la vida de la persona de la que se habla muy pronto.
  3. La contraportada del libro. Mientras lee, Pam acostumbra a girar el libro una y otra vez para ver la fotografía del autor, la propaganda (¿a quién más le gustó este libro?), la sinopsis (¿de qué trataba el libro?).
  4. Ver lo que otros leen. Y por último, confiesa que extraña ser capaz de ver lo que otras personas leen y que otras personas sepan lo que lee, para tener el pretexto de comenzar una conversación con un extraño. Esto le ha sucedido en aviones, subterráneos y trenes. Comprendemos que los lectores de 50 sombras de Gray se sientan liberados gracias a sus tabletas y mantengan en secreto lo que leen y no criticamos a los jóvenes lectores a los que les gusta leer libros “fáciles” sin ser juzgados por otras personas. Todo eso está bien, pero Pam argumenta que extraña poder ver lo que las demás personas leen y así averiguar lo que piensan y extraña que le pregunten acerca de lo que lee porque muere de ganas de hablar con alguien acerca de ese libro que trae en las manos.

Es así que se retracta abiertamente. Después de alardear acerca de la revolución digital por años, confiesa que echa de menos sus hojas gastadas, sus libros arrugados, su mochila pesada y sus queridas, muy queridas portadas. Espera poder vivir en un mundo en donde ambas cosas no sólo son posibles para todo el mundo, especialmente los niños. Todos mereces acceso a muchos libros, a tantos como deseen, pero también a que las portadas gastadas, años después, hagan latir sus corazones.

Fuente: http://www.huffingtonpost.com/pam-allyn/why-ive-gone-back-to-print-books_b_4136219.html

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