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Todos apreciamos un buen libro, sin embargo aquellos que guardamos más en nuestra memoria son los primeros libros que cayeron en nuestras manos, al menos así ocurre conmigo. Recuerdo más aquellos libros que sufrieron mis primeros embates, soportaron mi brusquedad y mis intentos por dejar, de alguna forma, una huella: ya sea mediante una firma, un primer rayón o el muy común crayolazo para “mejorar” esas bellas ilustraciones que disfrutaba una y otra vez.

Esos libros lo soportaron todo de mí y me permitieron abandonarlos sin disgusto. Sin embargo, no siempre estuvieron presentes en la biblioteca familiar, claro que ésto no me sorprende, teniendo en cuenta la historia de la imprenta y del alto precio que en un principio tenía el papel. Era inimaginable que un material tan raro fuera puesto en las torpes manos de un niño.

Los primeros libros infantiles fueron elaborados en la Inglaterra victoriana y eran conocidos principalmente como “Toy-books” o libros de juguete, ésto se debe principalmente a que, aunque dichos libros contenían texto, éste le cedía el paso a las ilustraciones. Verán, los primeros libros que se elaboraron de forma masiva daban una gran importancia a la palabra escrita y las ilustraciones y decoraciones complementaban el texto. En éstos nuevos libros eran las ilustraciones las que dominaban las páginas.

Estas primeras versiones constaban tan sólo de seis hojas con seis páginas ilustradas, que se vendían en seis peniques (debe haber un significado oculto detrás de tanto seis, pero de eso no hablaré ahora). Poco a poco estos pequeños folletines fueron ganando popularidad y más tarde unas ediciones más grandes y elaboradas se editaron a finales del siglo XVIII.

Toy-book02

Es sorprendente saber que en un principio las ilustraciones eran coloreadas a mano hasta que a mediados del siglo XIX se inventaron otros métodos mucho más acorde para la producción en masa. Fue en estos años en los que florecieron los primeros ilustradores infantiles, y los primeros tres con más renombre fueron Walter Crane, Randolph Caldecott y Kate Greenaway.

Algunos de los cuentos que ilustraron fueron la Bella durmiente, Cenicienta, La lechera, Mamá Gansa, El flautista de Hamelin y muchos otros cuentos de hadas clásicos.

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