Acuerdos privados
S
Muchas veces me pregunto si este tipo de libros tienen algo, ligéramente, aunque sea una brizna de verdad en cuanto a las situaciones que relatan. Estoy casi segura que es mentira casi todo lo que se escribe.
Solo un tipo de matrimonio ha llevado el sello de aprobación de la alta sociedad.
Los matrimonios felices eran considerados vulgares, ya que la dicha conyugal raramente duraba más que un pudin bien cocido. Los matrimonios desdichados eran, por supuesto, más vulgares si cabe, a la par que el artefacto especial de la señora Jeffries, con el que azotaba cuarenta traseros al mismo tiempo; algo de lo que era mejor no hablar, porque la mitad de la flor y nata de la sociedad los habÃa experimentado de primera mano.
No, la única clase de matrimonio que sobrevivÃa a las vicisitudes de la vida era un matrimonio civilizado. Y la mayorÃa reconocÃa que lord y lady Tremaine tenÃan el matrimonio más civilizado de todos.
En los diez años transcurridos desde su boda, ninguno de los dos habÃa dicho una palabra desagradable acerca del otro, ni a padres ni a hermanos ni a los mejores amigos ni a los extraños. Es más, como podÃan atestiguar los sirvientes, nunca tenÃan disputas, ni grandes ni pequeñas; nunca se ponÃan mutuamente en evidencia; nunca, de hecho, estaban en desacuerdo sobre nada en absoluto.
En la esplendorosa y refinada Inglaterra de finales del siglo XIX, lord y lady Tremaine encarnan un matrimonio perfecto, basado en el respeto y la libertad, sobre todo porque cada uno vive a un lado del Atlántico. Sin embargo, cuando ella le pida el divorcio a fin de poder volver a casarse, él le pondrá una condición: que permanezcan juntos un año más para que le dé un heredero. Y, sin duda, un año dedicado a tales menesteres puede dar mucho de sÃ.
Una relación malograda podrÃa volver a renacer cuando ya todo parecÃa perdido, aunque se base en un pacto indeseable.
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este si se me antojo.. no seporque pero se me antojo