Ene 29

de Comidas viajeras y otros adobos

Es bastante común que como parte de mi trabajo deba ir a lugares recónditos en donde es difícil salir nuevamente. En esas ocasiones las compañías cuentan con el servicio de comedor.

Es un tema recurrente en la compañía la suerte de algunos con respecto a la comida. Sé de un sitio que queda ubicado en un pueblucho en donde hay un solo restorán. La señora que cocina tiene afición por la comida picante…

Hay otras historias mucho más felices, que incluyen cierres temporales de comedores y la opción de elegir entre la comida rápida disponible en X kilómetros a la redonda (lo cual incluía un italianiss).

Si hoy me deja mi camioncito (provisto por la compañía, como no) juro que no puedo regresar a mi casa, porque no se ni para donde queda la carretera. El comedor que me toca en estos lares no es muy ducho en el menú. Comenzando, es comida tlaxcalteca y que me disculpen los tlaxcaltecas, pero la comida de ese lugar es demasiado condimentada para mi pobre estómago.

Hay días en que quiero ir al baño y devolver lo que comí… puaj!

Y el título es porque hoy comí adobo de no se que cosa, que resulto ser una parte del puerco que tenía más grasa que carne.





 

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