Por cuestiones de trabajo terminé compartiendo una habitación de hotel durante un mes y una semana en Tuxtla Gutierrez, Chiapas… y eso de compartir el espacio vital por demasiado tiempo comienza a poner loquitos a todos, hasta el punto de comenzar a actuar extraño.
De lo que puedo sacar en claro después de esto es que necesito una maleta para los viajes. Hasta el momento estoy cargada con dos pequeñas que cubrían mis necesidades, pero lo indispensable para la vida de un mes no se consigue meter en una maleta de 50×30.
Entre los indispensables de mi maleta conseguí introducir la mayor cantidad posible de ropa interior, misma que finalmente se terminó a una semana y media de mi meta, por lo que tuve que hacerla de lavadora en el lavavo del baño del hotel… tengo cierta renuencia a enviar mi ropa a la lavandería, lo que si hice con todos mis pantalones.
También saqué en claro, según comentarios de mi compañera, de que no me gusta planchar. Creo que lo hice tres veces en todo el mes.
De las desveladas ni se diga, ya sean por trabajo o por placer estaban a la órden del día. Nuestra pequeña comuna hacía gala de mantener a todo tipo de especímenes que se complementaban bastante bien, incluso aquellos de los que todos querían prescindir, pero sin los cuales no hubieramos podido comer gente a gusto.
Vivir durante más de 18 horas al día con otras 12 personas es bastante interesante.
Y mi ingesta de alcohol aumentó de 0 a 1000.
Oh mi dios, las desveladas, esas benditas desveladas.







Abril 28th, 2008 at 3:00 pm
Anda canalla, y con nosotros no quieres echarte ni una chela =P