Casi de forma perenne permanece aquello que comenzo con una semilla.
En el subsuelo, raices aferradas caminan como gusanos, aumentando cinco centímetros por año, sin embargo al árbol de mi jardin no le gusta permanecer en el suelo.
En las tardes ventosas del mes de noviembre le gusta batir mil hojas, como mil diminutas alas, como mil diminutas mariposas que aferradas a las ramas arrancan las raíces y por un segundo se desprende del suelo.
Un segundo de vuelo en un millar de alas.






