Par de ojos (El circo VI)
Par de Ojos no era una niña común y corriente. Era tal vez lo más cercano a algo real en kilómetros a la redonda y aunque tenÃa ojos que miraban el mundo, esos mismos ojos eran su más grande maldición.
Ella no querÃa ver nada.
Le dolÃa tanto verse atrapada en el circo, que pasaba la mayor parte del tiempo durmiendo y reparando heridas. Al principio pensó que el acto del corazón era una buena idea, que el Espectador reaccionarÃa de alguna forma y despertarÃa… que finalmente despertarÃa de ese letargo idiota. Pero semanas pasaban y él seguÃa sentado mirando, mirando ausente lo que sucedÃa en la pista.
Al principio Par de Ojos pensó que serÃa sencillo, que tan sólo necesitaba tiempo para despertarlo, mas con el tiempo se fué dando cuenta de que era algo más lo que hacÃa falta. Poco a poco iba perdiendo la memoria de cómo habÃa llegado a este lugar y asà mismo iba perdiendo la noción de por qué era tan necesario despertar.
En los momentos en que despertaba y comenzaba a mirar detenidamente sus manos, sus pies, sus heridas y su carretilla, abrazaba fuertemente al Oso de Felpa esperando tal vez poder introducirse entre sus pelos y yacer ahÃ. Dormir eternamente calientita, mucho mas que con el raÃdo, sucio y apestoso saco que habÃa encontrado y que habÃa encontrado la forma de marcarlo y junto con el Oso de Felpa era lo único que le pertenecÃa. Eso y sus heridas, porque incluso sus recuerdos se iban perdiendo.
Tan sólo debÃa despertar.
Era lo que podÃa recordar y a eso se aferraba.
Despertar al Espectador.
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