Aún no tengo hijos pero siendo observadora, he podido notar cierto patrón que rodea a un lector adulto y la nostalgia que rodea a alguien que le hubiera gustado ser mejor lector. La lectura, al igual que muchos otros hábitos, no es más responsabilidad de un educador que de la familia. Un maestro en apenas cinco horas tiene tiempo de enseñar a un niño a hacer planas del uno al mil, multiplicar, dividir y con mucho trabajo a sacar raíces… que en pocos años y gracias al uso de las calculadoras se atrofiará. No intento menospreciar el papel del educador, sin embargo, él (o ella), funciona principalmente como una guía, no como el único sembrador del hábito.

La casa es el nicho donde tomamos los hábitos como lo son la alimentación, el deporte y por supuesto, la lectura. Tomando en cuenta lo anterior, los cinco pasos pueden ser redundantes, pero no está de más ser consciente de ello.

1. Crear un ambiente adecuado para desarrollar la lectura.

No es necesario invertir miles de pesos en una biblioteca infantil para facilitar a nuestros niños un ámbito adecuado para la lectura. Muchas veces es suficiente cuando se les destina un pequeño espacio. En cuanto al material de lectura, los niños pequeños se contentan con ilustraciones muy coloridas. Muchos de nosotros comenzamos a leer gracias a los comics. En mi casa se nos destinó un pequeño buró retacado de revistas. Títulos de Disney, el Pájaro Loco, Tom y Jerry, entre otros, eran bastante comunes. No hay que menospreciar la lectura barata. Más tarde, se pueden ir incluyendo buenos libros, con el fin de que experimenten una variedad y vayan formando un gusto.

2. Motiva demostrando cuánto te gusta a tí.

El ejemplo siempre será la mejor manera para enseñar un hábito. Que alguien se encuentre en un ambiente en donde “se hace” determinada cosa, termina por modificar la actitud de cualquiera para adaptarse al medio y sentirse aceptado. A veces son cosas tan pequeñas como pequeños gestos. Como ejemplo, a mi casa siempre ha llegado el Selecciones del Reader Digest y era curioso, que no raro, ver que tanto mi padre como mi madre la leían. Poco tiempo después mi madre comenzó a demandar ser ella la que abriera el paquete de correo en donde enviaban el fascículo y poco a poco, toda la familia fué entrando al juego. No es raro llegar a casa y encontrar a alguien gritando por el Selecciones, yo lo escondía bajo mi almohada hasta que acababa de leerlo. ;)

3. No menospreciarlos.

Hay que aceptar que nadie acabará teniendo el mismo gusto que uno y que normalmente todos, absolutamente todos pasamos por los libros de superación personal, pero de hecho, eso es algo que también se supera. Sé de una amiga que ahorraba y a escondidas compraba sus libros ya que su familia hizo hincapié en que la lectura era una pérdida de tiempo. De igual forma, todos los niños tienden a echar a perder unos cuantos libros antes de aprender el valor de los mismos. El cuidado que los niños ponen en los libros no es un factor determinante para establecer que tan buen lector será. Como niño experimentas con todos los sentidos las cosas que te rodean, aunque esto incluya el sonido de una hoja rasgandose o la vista de una ilustración mejorada a base de crayones. :S

4. Alentar el hábito de la lectura

A veces no basta con colocar a un niño en un jardín rodeado de otros niños jugando, a veces hay que alentarlo a jugar. En mi familia dedicábamos un día a la semana para hacer las compras del supermercado. Al regresar a la casa hacíamos una desviación en un changarrito que vendía revistas. Era pequeño y cuando no había mucho dinero ibamos cada dos o tres semanas. Una vez ahí, cada una de nosotras elegía una revista y pasábamos a la caja. A veces el rito de elegir podía durar media hora, sin embargo era una especie de premio. Otro caso que puedo referir es el de mi tía. De niña, cada que yo llegaba de visita, ella me apartaba y me mostraba una colección de libros y siempre me decía que cuando tuviera edad para leerlos, esa colección sería mía. Cerca de los doce tuve mis tomos de Julio Verne, Edgar Allan Poe y otros grandes autores. Lo mejor fue saber que ya era lo suficientemente grande para leerlos.

5. No imponerlo

Habrá que aceptarlo, pero a unos se nos da más fácilmente la lectura que a otros, y a veces a unos se nos da más fácil la lectura de ciertos tópicos antes que otros. Yo puedo rogarle durante semanas a mi padre porque tome un libro y sé que nunca me hará caso, sin embargo puede pasarse horas con una revista de novedades tecnológicas e incluso con el manual de un aparato. No hay que olvidar que la finalidad de la lectura es el poder recibir ideas y conocimientos de un modo más permanente y efectivo que con la palabra. Mi padre es un buen lector, simplemente no lee lo que yo leo. De igual modo los adolescentes en la secundaria le tomarán mucho menos interés a Juan Rulfo que al artista de moda, sin embargo esta en la naturaleza del hombre probar cosas nuevas y salirnos del patrón. Si no lee, no lee. Yo no quiero que una persona además de ser no lectora desarrolle el rechazo por la lectura en general.

Paso extra. Reducir las horas de televisión.

Es impresionante el número de horas que uno puede perder frente al televisor (entiéndase como televisor y videojuego). En mi casa la regla era estricta, de x a y hora se enciende el televisor, el resto de las horas podíamos hacer lo que quisiéramos (después de hacer la tarea), incluso perder el tiempo, pero el horario del televisor no fallaba. Llegamos incluso a establecer los horarios para que coincidieran con los programas que nos gustaban, sin embargo siendo tres en casa no había muchos problemas para encontrar una alternativa al televisor.

Por último, en realidad estos pasos no consisten en reglas, sólo son sugerencias y mi experiencia como lectora. En mi casa fuimos tres niñas y todas leemos en distinta medida (la chica se nos fué de las patas y a veces nos hace creer que lee… pero no es así, sin embargo sigue estando por encima del promedio nacional). Y como anotación personal, desde mi punto de vista, ninguna casa esta totalmente viva si no contiene un librero. Hay casas que me dan una sensación de no pertenencia, en todos esos casos no existía un sólo libro.

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