Luis María Pescetti
Llegó Agustin un fin de semana con dos libros para mí. El primero fué este.
Acnécdotas (si, acnécdotas) curiosas… su hermano tuvo un ataque de histeria antes de pasar a la cuarta hoja, mi hermana me regaló sonrisas mientras le leía en una noche muy triste y mi madre estaba admirada de tanta palabrería.
Aquí un fragmento que encontré en la red:
—¿O sea que las cosas que no piensan no se pueden asustar?
—No.
—¿Y por qué se escapan las moscas entonces, Pati?
—…
—¡Entonces las moscas piensan!
—Pero piensan en: mosca.
—¿Y cómo será pensar en mosca?
—Y, todo así: bbbbyyyyyyyy… todo el tiempo
—Te debe quedar un agujero en la cabeza de oír todo el día ese ruido ¿no?
—¡UY NATACHA! ¿¡Y EL MONSTRUO!
—¡Se voló!
—¡Entonces estaba vivo!
—No Pati, tenía razón yo: estaba muerto y se empezó a vivir y se vivió del todo.
—No Natacha, preguntale a tu mamá, vas a ver.
—Mi mamá fue a llevar una cosa, llamá a la tuya.
—(silencio discando) ¿Hola mami? Escuchame una pregunta: Si un monstruo parece que está muerto y apenas mueve la pata, ¿nocierto que es que está vivo y no que está muerto pero la pata está viva?
—… (silencio del otro lado de la línea pensando: socorro)






