De vuelta del paraÃso
Llegue a mi casa y como siempre que paso una temporada fuera, me siento ajena… a como si hubiera llegado de visita a la casa de otra persona. No me creen cuando digo que la mejor forma de advertir el cambio es dejar de estar. Después de 6 meses de no visitar mi tierra, me dió nostalgia y un nudo en el estómago tener que irme nuevamente.
Puedo decir que el clima es riquÃsimo.
La madrugada en que llegamos pude notar que sigue siendo un pueblo al fin y al cabo y los servicios nunca estarán tan avezados como lo están en Puebla. Después de 20 minutos esperando maletas y la pérdida de una cartera (que no la mÃa) finalmente pudimos salir y mi padre ya estaba ahÃ.
Llegar a la casa y no encontrar un perro que me recibiera fué lo que mas me desconcertó de los dos dÃas que estuve ahÃ. Todo el tiempo me la pasaba imaginando sombras que entraban y salÃan y a punto estuve de perseguir algunas para que regresaran a casa. Tomé pozol y dulce de toronja, me era inconcebible marcharme sin hacer al menos aquello. Mi madre siempre con pequeños regalos.
La noche del sábado fue como estar alienada. Hice exactamente lo mismo que harÃa si nunca me hubiera ido. A las 9 función de cine, salir con Andrés y después la Sevillana y una caminata por el malecón.
– ¿Te acuerdas que este fué el último lugar al que vinimos antes de que te fueras?
Claro que si me acuerdo. Fue un “bienvenida, te he extrañado tanto” y un “me da gusto verte, yo te he extrañado igual” Mientras que redescubrÃa el malecón de la ciudad, ahora lleno de vida, caminamos lentamente poniéndonos al tanto, volviendo a abrir corazones y descargando mi alma de innumerables insignificancias que necesitaba decirle a mi mejor amigo. Escuché de la misma forma cosas que le daban vueltas y le reproché sus continuas borracheras, al mismo tiempo que no me acompañaba con la botella de tinto esa noche. El clima fué inmejorable, al lado del Grijalva el aire soplaba brevemente, mientras que a su orilla un ciento de personas caminaba o sencillamente se besaba en los lugares mas cercanos al agua. El ruido de bares cercanos llenaba el espacio y sorprendetemente fué poca la gente que và que me resultara familiar. ParecÃa que me hubiera alejado cien años.

La mañana siguiente fué de visitas. Con algunas personas las cosas cambiaron, con otras parece que siempre estuvieron igual. En mis visitas me encontré con que aquel adicto a las mudanzas nuevamente habÃa cambiado de casa y me recibió un letrero de “Se Renta” pegado en la puerta. Por la noche tenÃa que ver a Emmanuel. De todas las visitas creo que esta era la mas emocional de todas, por la ansiedad de no haber podido tener una conversación tranquila después de haber terminado. Me dió gusto encontrarlo bien, no me acordaba que era un poco mas bajo que yo. No me acordaba que tenÃa un paso un poco mas rápido que el mÃo y me sorprendió con una disculpa y un “No esta bien, debo adaptarme a tu paso”. Escuché sus planes, aunque me pareció que se quedaba con muchas mas cosas en el costal, con él siempre fué asÃ, de eso si me acordaba. Me acordé que me gustaba su voz. Y fué sólo una hora.
Después del café seguimos caminando, ahora para ver a un amigo más que me hacÃa falta. TodavÃa me pregunto qué fué lo que hice para que me quisiera tanto, porque sé que me quiere, a mà y a mi familia. Me dió bastante gusto verle, saber que va mucho mas avanzado que yo en lo que respecta al tÃtulo.
Esa noche a las 10 salÃa de vuelta a mi otro mundo y me costó trabajo. Por mucho que me vaya bien en donde estoy, sigo extrañando mi casa… lo mismo que mis largas horas en la ducha.
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nunca parece alcanzar el tiempo para ver a todos los que dejamos en el terruño, cierto?
a mi tambien me dio mucho gusto verte, lastima que no pudimos salir.. besos..