Vivo al lado de aquello que no tiende a ser nombrado si uno no quiere ser tildado de loco. Paso mi vida sin darle mucha importancia y tratando de ignorarlo. Cierto es que mi curiosidad es felina y terminará por desbocarme en abismos, pero trato de que no.
Viví una parte de mi vida al lado de una bruja, porque bruja para mí lo era escuchando fantasmas, soñando premoniciones, presintiendo despedidas. La escuchaba en mis rincones y de frente no le daba importancia. Presentía que me absorvería. Y mientras tanto afirmaba que lo que sentían mis amigos por ella era causa de la brujería. Era una bruja joven y bella.
Los eventos innombrables no me han sido ajenos. Mi carrera comenzo antes de cumplir el año en una andadera cuando rodando por las escaleras (ya desde entonces) se me cayo el “Cuajo”. ¿Que qué es el mentado cuajo? No pregunten, no lo sé. Solo se que mis temperaturas tenían a mi madre sin dormir y que estaba internada en el hospital, hasta que mi madre hizo caso a las viejas y me llevo con un tallador que me lo levanto.
Sueños, fantasmas y unas cuantas despedidas precedieron a Agustín hablándome en sueños (así quien se le puede resistir), cosas extrañas y pequeñas señales.
Ahora en mi trabajo me las topo de vuelta y es difícil ignorarlas con un jefe ducho en artes de hipnotismo y energía. Hasta ahora creo ser la única que no ha sido puesta en trance, tal vez se deba a que soy una despistada cabeza difusa o a la personalidad terriblemente fuerte de él que no me da confianza. De esas personas que tienen los ojos demasiado abiertos, analizándolo todo.
De aquellas interesantes personas de las que debes tener cuidado.
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¿Era la bruja del 71?
PD.- Qué no es “absobería” en lugar de “absorvería”? :s