Abr 4

Morir en Publico

Era inevitablemente irremediable encontrarse con ella en cualquier instante, ya fuera en la calle observando las margaritas que florecían en los jardínes públicos a la atenta mirada de los servidores públicos y las ancianitas de esquina armadas con paraguas. Ya fuera en las alcanforadas oficinas donde se decidian diariamente el color de estos mismos paraguas con la seriedad absoluta de quien decide la vida o muerte del mismo Jesus, a sabiendas de las consecuencias.

Era terrible, era inefable, era inaguantable… pero era tambien previsible (y también falible). No era infalible llevar armas encima, llevar estacas o cruces, ir orando en las calles, era mas bien un magnánimo chiste del que pocos se reían porque la mayor parte de la población no entendía.

Todo comenzaba con una comezón en los pies, porque era en el suelo de donde se recogía la desgracia, donde minutos antes alguien la dejó tirada, luego continuaba subiendo lentamente y con los días por las pantorrillas, claro, esto era muy parecido a un cansancio por las largas caminatas que señorones estirados se autoinflingían en sus privadas batallas para sortearla.

Luego un dolor en las sentaderas, una punzada en los negros recovecos y un miedo que aumentaba exponencialmente cada vez que se iba al baño. Un dolor de espalda una insolación, un dolor en el pecho… y después era olvidarse del mundo.

Estancarse frente al televisor, para luego comprender el viaje autónomo entre la casa y la oficina, entre la oficina y la casa. Ir al supermercado y pasear las estanterías comprando exactamente lo mismo que la semana anterior… modificando sus costumbres de a poco según lo que dice el señor Locutor, para luego regresar a seguir calentando el mismo mullido sillón.

De a poco el televisor se convierte en vida, y ya no viven si no es a través de él. De a poco el amor se convierte en una telenovela y la aventura y el drama en un reality show del cual nunca sabes nada. Y de a poco te ves convertido en otro pusilánime que no encuentra respiro mas que a través de la vida de la estrella, del invitado y del don nadiey se olvidan de vivir…

De a poco se encuentran cada uno de los afectados Muriendo de a poco, muriendo enfrente de todos, riéndo con las desgracias de los agraciados y llorando por sus apatías y sus desengaños. Y mueren y no tienen cura para la apatía en que se convirtió su vida…

Y mueren, porque eso ya no es vida.

* * *
La idea de este cuento viene de la revista online Annlea





Sinuhé el egipcio

Par de ojos (El circo VI)

Los momentos con mi madre

Nostalgia

 

Un Comentario para “Morir en Publico”


  1. Gravatar.com Fabrizio Says:

    Muy buen relato. Un abrazo


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