Mi nombre es Sei Shônagon
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Leyendo estaba el Libro de la almohada, cuando caminando entre una librerÃa, esperando un taxi para ir a casa, me encontré fugazmente con un libro que pregonaba que era Sei Shônagon, la autora del libro que en casa yo leÃa.
Leà cuidadosamente el resumen y me pareció divertido que al mismo tiempo que yo me enamoraba, un nuevo libro me saliera al hilo, para pedirme que lo leyera. Lo compré, lo guardé y viajó en mi maleta conmigo quien sabe cuantos dÃas. Finalmente cuando terminé a su hermano mayor lo saqué. SabÃa que me durarÃa poco. Y me duró poco.
El dÃa 31, último dÃa del año, durante mi último vuelo del año a casa lo terminé.
No, no es como el libro de la almohada. Es mas bien como un lamento por haber perdido cierta inocencia. Es el pregón que narra la complicación mundana de las cosas, la preocupación necia de tener, aunque no tengamos nada. De darle importancia a cosas que en realidad no las tienen.
Es el pecado de la mercadotecnia que logra cegarnos a cambio de tantas otras cosas que vamos perdiendo poco a poco. No, no fue una iluminación. Fue la reafirmación de querer vivir simple, de querer vivir sin tantas otras cosas… la reafirmación de querer plantar un jardÃn.
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