DÃa 3 en la oficina.
3
Poniéndonos rutinarios, sosos, diarÃsticos y completamente costumbristas, a continuación referiré la situación mÃa muy personal en mi elemento más común hasta ahora, es decir mi oficina. Claro, esto es para variar, y me disculpo anticipadamente aduciento a que ésta se ha transformado en un ente raromorfo algo menos que bizarro (palabra favorita de su servidora, por lo que se contempla a utilizarla en los momentos más inoportunos).
Bien, pero dejando de lado las palabras (que nunca podrán ser excluÃdas de mi vida, de mi entorno y hasta de mi cama) podremos continuar con la descripción de tan extraños temas que me hace pensar en una dimensión desconocida (o punto guajiro, sin ánimos de ofender al compañero que me ha aclarado que los derechos de autor le han obligado a inventar éste término para no herir sentimientos de lejanos fans y adoradores). Tan Desconocida es la situación que me veo envuelta en nuevos vestidos. Bien, no serán vestidos, pero al menos durante tres dÃas mas tendré nueva oficina, vieja serÃa el término exacto, pero lo que es viejo para alguien llegando a tus manos es algo nuevo y bien, puedo decir que mi nuevo entorno me agrada.
Cuento con una puerta de cristal que amortigua el ruido del pasillo y cuento con 8 o 9 teléfonos qué contestar, lo cual puede terminar siendo un dolor de cabeza, pero también puedo ignorarlos, porque hasta ahora en mi contrato no consta que deba de contestarlos y lo hago tan sólo por puritita cortesÃa. Aunque no es tan cortés el vocabulario que digo cuando el 80% de las llamadas son para números equivocados o personas inexistentes (al menos para mÃ).
…
Y después de contestar otra llamada ¿en qué Ãbamos? ah si… en una perorata interminable porque el dÃa de hoy me he levantado con el ánimo de decir cosas sin parar aunque termine sin decir absolutamente nada.
Qué mas dá. 3 dÃas para mi liberación final y podré irme al campo a saltar entre las rosas (mascullando ‘pinches espinas’) y a respirar el aire puro (aunque más probablemente termine gritando por cualquier bicho lejanamente amistoso que pudiera encontrarme/picarme).
Lo dicho, creo que mientras no tenga el equipo adecuado deberé quedarme en casa a fotografÃar las grietas del techo. Pero sacando el pasaporte no me esperen. Las llaves las dejo pegadas y regresaré en cuanto vacÃe una cuenta bancarÃa e hipoteque el auto y todos mis bienes. Incluso la muñeca
Imagen tomada de Psi! Web
Related posts: