Esta mañana mientras iba al trabajo encendí el radio y enmedio de las discusiones cotidianas, las caídas de bolsa, los pleitos callejeros y las desesperansas que vienen todos los días escuché una canción. Se escuchaba claramente y claramente también cambió el ánimo imperante en la cabina de radio y a cada uno de ellos les remitió a una época según su propia concepción.

Esta canción fue “Al maestro con cariño”.

Pensando pensando me fuí yo también caminando en qué era lo que significaba para mí. Y me encontré con un viejo recuerdo, con una vieja amiga que aún quiero, y que ciertamente extraño, pero que sigo apreciando a pesar de su ausencia.

Fué en secundaria cuando tuve a mi primer gran amiga y en lo que a mí respecta, de entre todos mis maestros no he vuelto a tener otra que se le paresca. Fué mi maestra de matemáticas durante tres años. Y debo de admitir que no hubo otra mejor.

Me enseñó a querer los números como nadie mas pudo hacerlo e incluso me daba un pedacito de espacio dónde refugiarme cuando las cosas no iban bien. Mis horas libres las pasaba con ella, en el salón de clases corrigiendo y calificando exámenes. Muchas de esas horas yo salía huyendo de las personas que no me aceptaban y muchas de las otras horas iba huyendo de las pesadillas en las que se vuelven a veces los compañeros de clase.

No me tenía piedad debo admitir, también recibí regaños y muchas veces me decía qué era lo que hacía o lo que no hacía, lo que debía y las cosas en las que debería pensar. A veces no platicabamos mucho, sin embargo me daba mucha seguridad estar con ella.

Finalmente nos despedimos, también ha sido a la única maestra a la que le he regalado algo, a veces logro ser muy parca. Ella se quedó en el pueblito, todavía sé que sigue dando clases… es en ella en quien pienso cuando me dicen maestro.

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