Mi guarura ha regresado
L
a Jugar conmigo
Vamos al jardÃn
Mi vida no ha sido especialmente caótica.
Mi familia se ha encargado fébrilmente en eso.
Horarios programados, lugares programados, personas programadas, actitudes programadas y el principio básico de no dejar que piensen mal de uno.
La pecera perfecta para un pez dorado corriente.
Sólo que hubo una temporada en que el pez dorado se salió de la pecera.
En esa época, yo tenÃa guaruras.
Es una sensación maravillosa esa de salir a la calle sabiendo que no podrán tocarte. Sabiendo que tienes a dos personas que te respaldan. Claro que en esa temporada tampoco tuve pareja, pero tampoco la querÃa. QuerÃa disfrutar a mis dos amigos. A mis dos celosos amigos.
Y en cierta forma en mi casa sabÃan que estaba en buenas manos. Aunque las únicas personas que los hacian temblar eran mis padres. Cuando llegabamos tarde y sabÃan que se molestarÃan, me dejaban en la reja de mi casa. Esperaban a que me abrieran la puerta y de ahÃ, salÃan corriendo en el automóvil.
Tuvimos muchos episodios extraños. Carreras en carro, arrancones, trompos, tacos a deshoras, largas caminatas nocturnas, ir a comprar ropa.
Ir a comprar ropa era uno de sus pasatiempos favoritos. Llegabamos a algún lugar y ellos escogÃan a su gusto. De ahà me metÃan al probador y claro, tenÃa que modelar. Pero siempre me abstuve de dejarles todo en sus manos. Tampoco era bueno exagerar.
Sin embargo todo termina.
Y terminamos los tres.
Pero ayer regreso uno.
Me he quedado hasta tarde sólamente hablando.
Fué bueno saber que todavÃa existe eso que tenÃamos.
Y nos hemos extrañado mucho.
Él se casará dentro de poco y las cosas cambiarán exponencialmente.
Sin embargo es bueno saber que de alguna forma él me seguirá cuidando.
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