Ayer en la noche hablaba con un amigo.
Y hablando hablando terminé contando que escribía. Esa confesión era demasiado gloriosa para las pequeñas cosas que hago. Sin embargo él me alentó a mostrarle lo que tenía.
Viniendo de él fué un gran halago.
Hoy paso la mañana pensando en todas las cosas viejas que tengo que reescribir nuevamente. Todos los papeles ajados que tengo desperdigados y todas las palabras nuevas que inventaré con el paso.
Nunca he dicho que lo mío sea sublime, soy realista y admito ser novata. Me contenta escribir aquí y mantener soliloquios con el alma. Mas las cosas se mueven y me gustaba mostrar lo que escribía.
Ayer sentí eso nuevamente y sentí muchas ganas de volver a hacerlo.
Todavía no decido por donde comenzaré.
Tengo muchas cosas que duelen intensamente y que ya están enterradas y olvidadas, pero que nunca termine de escribir.
Inclusive es factible que invoque a más de mis demonios y no continúe tan sólo con mis tres demonios cotidianos.
Eso lo decidiré este fin de semana, mientras saludo a mi familia que regresa de vacaciones y lleno de besos a mis dos hermanas que no veo en un buen tiempo. (Dos horas ya es demasiado)
Inventaré mi fin de semana nuevamente.
Esperaré nuevas cosas.
Y revisaré con ansias mis nuevos libros que están por llegar.






